Nosotros ya habíamos decidido casarnos en la Iglesia de San Pedro el Viejo en Huesca, pero en cuanto visitamos las Bodegas Lalanne tuvimos claro que este era el sitio perfecto para celebrar el resto del día. Sabíamos que iba a merecer la pena, así que contratamos autobuses para que nadie tuviese que coger el coche y todos nuestros invitados pudiesen disfrutar del día.

Nuestra boda fue en invierno, y una de nuestras mayores preocupaciones era que nuestros invitados no pasasen frío hiciese el tiempo que hiciese. Leo Lalanne nos ayudó a tener preparados varios escenarios y el día de la boda escogimos el más adecuado, que por suerte fue nuestro plan A.

Leo nos ayudó y aconsejó durante los preparativos, pero sin duda, lo que más le agradecemos tanto a ella como a su hermana Laura es la ayuda que recibimos durante el gran día. No tuvimos que preocuparnos absolutamente de nada, ellas se encargaron de controlar los tiempos y avisarnos de los momentos que ya habíamos planeado. Fue una boda perfecta y mucho se lo debemos a Bodegas Lalanne, que con su cercanía, profesionalidad y experiencia nos permitieron disfrutar del día.

Si tuviésemos que repetir, sin duda volveríamos a escoger este precioso escenario. El patio nos maravilló desde el primer momento y el poder celebrar allí el coctel en febrero fue todo un éxito.

De la decoración del patio, las mesas y el photocall se encargó la floristería Azahar, que hizo un trabajo precioso y del catering, el restaurante Piscis, que fascinó a los invitados con la presentación, calidad y cantidad.

 

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